Pasado el barullo de la elección y ya claro los resultados, debemos ser capaces de analizar en toda su dimensión lo que significa el triunfo de la derecha y las consecuencias que esto va a traer para el campo de la educación.
Lo primero que debemos destacar es el carácter claramente neoliberal que tiene el programa presidencial de Piñera en lo que a educación se refiere, de esto no cabe la menor duda, sin embargo, además de aquello hay que también despejar una serie de propuestas que no están claramente detalladas en su programa y que no sabemos muy bien el carácter que estas tomarán.
Un ejemplo de lo anteriormente señalado son las subvenciones diferenciadas que este propone, las cuales señala que serán definidas periódicamente -en- los niveles y valores que deben alcanzar estos diferentes tipos de subvenciones (Pág 82).
Plantea a su vez agencias independientes de apoyo a su nueva Agencia de Calidad de la Educación, la duda que tenemos aquí es ¿a quien o que intereses responderán estas agencias? ¿serán entes privados? ¿Pretende Piñera abrir un nuevo campo de negocios para los privados con estas agencias? Son cosas que aún no sabemos.
Plantea también la conformación de 50 liceos de excelencia a nivel nacional (Pág. 83), ¿que pasará con quienes no puedan alcanzar esos 50 liceos? ¿deberán conformarse con una educación de mala calidad como ocurre hoy?, ¿que impedirá que la competencia por alcanzar estos liceos no desemboque en una elitización que excluya nuevamente a los estudiantes mas pobres de ingresar a dichos establecimientos dejando por lo tanto las cosas otra vez como en el principio?.
Piñera plantea que a los profesores “se les hará rendir un examen no obligatorio de habilitación, quienes no lo den o sean mal evaluados quedaran en forma condicional en el ejercicio de la profesión y deberán mostrar efectividad en la sala de clases. A medida que vayan alcanzando ciertas metas podrán aspirar a las remuneraciones de los que obtuvieron buenas calificaciones en los exámenes”(pág 85). Esto creemos impactará negativamente en el interés de los jóvenes por las pedagogías, ya que se estudiará cinco años una carrera que ni siquiera tendremos la seguridad de poder ejercerla, además de responsabilizar de todo resultado en el aula al profesor, sin considerar las diferencias de rendimiento que evidentemente se producirán producto de las asimetrías en la apropiación de capital cultural que traen los alumnos o a que se encuentran en entornos desfavorables para el aprendizaje, ambos aspectos que influyen en el rendimiento en la sala de clases y que son independientes de lo buen o mal profesor que se sea.
Lo mismo se puede decir de los mecanismos que propone diseñar para mejorar las remuneraciones de los profesores vinculándolas a los resultados de aprendizaje. ¿Pretende Piñera homologar las condiciones de estudio y por lo tanto medir con la misma vara los resultados de aprendizaje que tienen los jóvenes de la Pintana con los jóvenes que se educan en los liceos públicos de providencia?, ¿sobre esta base que profesor querrá hacer clases en la Pintana?
La solución de Piñera para los establecimientos que no cumplan sus estándares de calidad son tenebrosos, él propone que “aquellos establecimientos que no satisfagan los estándares mínimos en plazos razonables, dejarán de ser sujetos de la subvención. (Pág87). ¿Que pasará con los jóvenes que se educan en dichos establecimientos? ¿quedarán arrojados a su suerte?.
Sin perjuicio de lo anterior y considerando lo grave que es la arremetida neoliberal de Piñera en el campo anteriormente descrito, creemos que de todas maneras es lejos en el campo de la educación superior donde este establece sus propuestas más osadas, dejando muy en claro el interés que para su gobierno empresarial suscitará el hacerse del botín de nuestras universidades.
Para este sector en políticas de financiamiento estudiantil Piñera plantea terminar “con la discriminación en el financiamiento según la naturaleza jurídica de la institución de educación superior elegida por el alumno -y que- se eliminarán gradualmente las diferencias en los sistemas de créditos” (Pág 89). Esto significa que se abre la puerta a que se financie con recursos públicos el negocio que generan algunas casa de estudio que cobran altísimos aranceles sin siquiera justificar las razones de tan altos cobros y sin pronunciarse una palabra sobre la necesaria regulación estatal que debe existir en este aspecto antes de entregar dichos recursos que pertenecen a todos los chilenos. Además plantea homologar los créditos que hoy reciben los estudiantes para financiar sus estudios, entre los cuales hoy encontramos el crédito Corfo, el crédito con aval del estado y el fondo solidario. ¿Hacia donde homologará Piñera los créditos? ¿Homologará el crédito Corfo y el crédito con aval del estado al fondo solidario o será todo lo contrario?
Respecto de la institucionalidad de la educación superior plantea crear “una entidad que agrupará a los institutos profesionales y centros de formación técnica, y otra que agrupará a las universidades“(Pág 89). Así tal cual, Piñera hará caer en una misma institucionalidad a nuestras universidades públicas y con una larga tradición de contribución al desarrollo nacional con universidades/empresa propiedad de sus socios de negocios, controladas incluso por holdings internacionales y cuyo único objetivo es multiplicar sus ganancias.
Otro de los aspectos que más debe preocuparnos es su propuesta de modificación al Aporte Fiscal Directo, donde plantea “condicionarlo al cumplimiento de ciertos criterios de excelencia en su desempeño. -Por lo que- este cambio de criterio permitirá abrir esta fuente de recursos a todas las instituciones universitarias que satisfagan tales requisitos. (Pág 90). Esto pone en serio peligro a las universidades públicas de nuestro país para las cuales los recursos que reciben ya se les hacen escasos, es claro que estas universidades no estarán en condiciones de hacer los gastos en inversión que necesitarán para competir con sus símiles empresariales que desembolsarán grandes cantidades de dinero con miras a la obtención de los jugosos recursos públicos que estarán en disputa, ni hablar de las consecuencias desastrosas que esta competencia desigual puede traer para las universidades regionales, las cuales precisamente por encontrarse en regiones renuncian a un mercado con mucho mayor poder adquisitivo -por lo tanto mas lucrativo- y con mayor cartera de clientes que se encuentra en la capital del país, por lo tanto renuncian también a la posibilidad de obtener mayores recursos que puedan ser invertidos en mejorar la calidad de la educación que imparten. Estas universidades más que necesitar la competencia, necesitan de un fuerte apoyo estatal que al parece Piñera no esta dispuesto a otorgar.
Por último pero no menos preocupante es la visión gerencial/empresarial que Piñera buscará instaurar en las universidades del CRUCH dotándolas “de nuevos gobiernos corporativos para aumentar su vinculación con entidades regionales, sectores productivos y otros, logrando así un mayor acceso a financiamiento a través de proyectos y donaciones (Pág 90). ¿que quiere decir esto?, ¿los empresarios pasarán a formar parte de la dirección de las universidades públicas de nuestro país?, ¿cual será el carácter de estas corporaciones?, ¿cual sera el lugar de los estudiantes y trabajadores en estos gobiernos?, ¿tendrán algún lugar?.
El movimiento estudiantil debe estar muy atento a las definiciones que Piñera hará sobre estos aspectos, así mismo debe estar expectante sobre quien será la persona elegida para conducir estas reformas en el cargo de Ministro(a) de Educación ¿será algún militante o simpatizante UDI?, ¿será un militante o simpatizante RN?, son cuestiones que no darán lo mismo el día de mañana cuando nos toque estar nuevamente en las calles defendiendo nuestra educación pública de lo que parece será la arremetida neoliberal más fuerte de las ultimas décadas y las más importante desde la que implementó la dictadura.